
Leyendo en el Salón Amarillo Patito

El lunes hice mío un sueño postergado. Leer uno de mis cuentos en un patio de un colegio de primaria en Lince. El IEE 1059, María Inmaculada de la Av. Militar 1862. Unos niñitos me miraban extrañados, sus padres sonreían, las maestras cruzaban las piernas. El escritor Javier Arévalo, mi amigo, me había incluido con otros 99 escritores en una actividad rarísima en Lima y para estos tiempos de cobrizos y no cobrizos

Con el barajo de celebrar el Día del Libro, fue bueno ese contacto. Ir a los colegios, a los barrios. Cierto, la gente no cree que uno escribe para vivir. Por eso al final, arrastrado por la multitud al salón Amarillo Patito –cómo extraña uno a Beto Ortiz--, varias damas se me acercaban para que les firme en un cuaderno, otras en un papel japón y hasta una joven, supongo madre soltera, me pidió que la estampara mi rúbrica en su polo de Daddy Yankee. Yo sabía que muchas querían tocarme pero les ganaba el tiempo y por culpa mía no se iban a perder la segunda semana de la teleserie Vírgenes de la Cumbia.
No sé como le fue esa noche a los otros terrícolas que escriben como yo en ayunas, ellos tuvieron que leer al mismo tiempo en colegios de Mangomarca y más allá, en Chacarilla del Otero. A mí me tocó estar muy cerca de una escritora de fuste y fustán: doña Frieda Holler. ¡Vaya lujo! Perdón, no me imagino al regio Antonio Cisneros leyendo su Tercer Movimiento (affettuosso). «Para hacer el amor…» en el patio del Melitón Carvajal rodeado de tías.

Por eso quiero recordar aquello que escribió Alonso Cueto el lunes precisamente en Perú 21. Aquello de que muchos anuncian en todo el mundo la muerte del libro y la de la lectura, lo cual es una señal de su salud. Nunca se han publicado tantos libros como ahora. Y profundizaba Cueto:
«Gracias a Cicerón sabemos de la primera casa editorial, la fundada en Roma en el año 50 a.C. por Tito Pomponio, quien buscaba difundir a los clásicos griegos y a los escritores latinos.
Desde entonces, los libros han resistido a todo. Durante las guerras de la Edad Media, encontraron refugio en los conventos. Luego resistieron a las persecuciones de la Inquisición en el siglo XVI, a las del stalinismo en

¿Por qué? Porque creo que la lectura sigue ofreciendo una experiencia que no ofrece ninguna otra actividad: la ocasión de estar en silencio, a solas, en relación con nosotros mismos, a través de un libro; la ocasión de emocionarnos y de concentrarnos; el momento del goce y de la reflexión. Leer es, ante todo, un placer, en el sentido más profundo y completo que se le puede dar a esa dudosa palabra. El lenguaje verbal es el único q

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