martes, julio 03, 2007

CANTOS PROFANOS: LOS ÁNGELES NEGROS


Los nuevos Angeles Negros en México


ESTA NOCHE LA PASO CONTIGO
[Crónica]

Escribe ELOY JÁUREGUI


No conocí a Los Ángeles Negros. Ellos me encontraron una tarde de septiembre de 1971 extraviado de ociosidad en los jardines que rodeaban El Palmero, un restaurante show que era propiedad de Guillermo Stambury y que se ubicaba en el centro comercial de la Residencial San Felipe.


Ese vez, el técnico de sonidos del quinteto chileno, intentaba colocar los equipos por la puerta de artistas del local. Me miró. Lo miré. Me dijo: “Oye cabro chico, no quieres ganarte unos pesos si me ayudas”. No me negué. Cuando terminamos de instalar amplificadores, guitarras, batería y micros en el escenario, me contó que acababan de llegar a Lima y que esa noche debutaban en El Palmero y haber si yo tenía tiempo para que sea su asistente. Por supuesto que acepté. Eso sí, tenía que lucir un terno oscuro.

Mi hermano tenía uno azul marino. Me puse una corbata y le dije a mi madre esa noche: “No me esperes que esta vez vengo de artista”. Tenía 15 años y nunca me imaginé estar en el mismo nervio del tráfago de las estrellas musicales de aquellos tiempos. Esos 45 días que pasé con ellos, actuando aquí y allá, viajando a Arequipa, Cusco, Trujillo, Chiclayo y Huancayo, sirvió para entender ese universo de los artistas. Ellos estaban más asustados que yo. Los Ángeles Negros era un grupo chileno de provincia, y la histeria que provocaban en las chicas los aterrorizaba. Germain de La Fuente, el cantante, era un tipo formidable. Como lucía ciertas maneras, la gente decía que era homosexual. Yo que viví junto a ellos en un departamento que el empresario Guillermo Stambury les puso en las esquinas de Roma y Barcelona, en San Isidro, digo que lo envidiaba. Desde la sala observé a cientos de mujeres desfilar a su dormitorio y no precisamente para oírlo cantar,


El fundador, Germain de la Fuente
La historia de Los Ángeles Negros comienza en la provincia de San Carlos, en Chile. Ese 1968, cinco estudiantes deciden iniciar una aventura que trascendió a toda América Latina. Un grupo musical que con su estilo interpretativo uniera corazones en todo el mundo de habla hispana. La oportunidad de demostrar su talento artístico surge a raíz de un concurso efectuado en la provincia de Chillán. Ellos fueron los ganadores y el premio fue grabar su primer material disco titulado ¿Por qué te quiero?, cuyo sencillez del mismo nombre traspasó las fronteras musicales y logró colocarse en un gran éxito en poco tiempo.

De ahí que las giras y presentaciones no se hicieron esperar, y para 1969 surge el primer contrato para traer su música romántica al Perú, donde el éxito fue tal que prolongaron su estadía de 15 días a mes y medio porque el público no los quería dejar. Viajaron luego a Argentina, Bolivia, Paraguay y Ecuador, siendo los número uno en cada uno de estos lugares, abarrotando plazas y llevando el romanticismo a todo Centro y Sudamérica. Luego, dominaron el mercado de Venezuela, Colombia, República Dominicana, Puerto Rico, Estados Unidos, Canadá y por último a México, donde se afincaron desde 1982.




El nombre de "Los Ángeles Negros" surge a raíz de una leyenda en donde se dice que en una noche de tormenta cayó un rayo en un gran árbol que estaba en el centro de la plaza principal, y que al quemarlo le dejó una forma, que las primeras personas que lo vieron le llamaron el ángel negro, según cuenta Mario Gutiérrez, director, fundador y actual guitarrista del grupo. Los otros integrantes, siguieron distintos caminos. Germain de la Fuente radica hoy en EE.UU. el tecladista Jorge González vive en Santiago, los guitarristas Luís Ortiz y Mario Gutiérrez se afincaron para siempre en México sin dejar la música.
Sus éxitos principales son: Y volveré, Murió la flor, Debut y despedida,
Déjenme si estoy llorando, Mi niña, A tu recuerdo, A la mujer que tanto amé,
Si las flores pudieran hablar, Despacito A ti y Vete en silencio, entre otros. Los Ángeles Negros, un conjunto músico vocal que en su tiempo fue pionero de un movimiento artístico que muchos siguieron a través de décadas y que en la actualidad muchos han continuado. Ese estilo único que sólo ellos han sabido conservar, pese a los cambios que ha sufrido el grupo en los 33 años de trayectoria musical.




Los Iracundos versus Los Ángeles Negros

En la segunda oportunidad que llegó al Perú el quintero chileno Los Ángeles Negros en 1971 coincidió en Lima con el sexteto uruguayo Los Iracundos. Ya lo he señalado en anteriores capítulos que trabajé con mis 17 años y un traje prestado de mi hermano, como asistente todo terreno del grupo que lideraba Germain de la Fuente y que recorrí desde centros nocturnos, restaurantes, show callejeros y espectáculos en los cines de los barrios de Lima y, que hicimos varias giras a provincias. Ellos recién se hacía de fama y yo junto a ellos conocí el rigor que necesita un artista profesional cuando quiere llegar y llegar bien. Los chilenos eran de la provincia de San Carlos, estaban asustados con su primera gira pero jamás se salieron de aquello que figuraba en el contrato y eran sumamente puntales y reponsable .


Esa vez, los empresarios no pudieron tener mejor idea que organizar un “Duelo musical” nada menos que en la Plaza de Acho entre las dos agrupaciones y el éxito ya estaba descontado. Un miércoles nos avisaron que el duelo estaba pactado y que intentaban armar dos escenarios para que cada grupo intercale sus canciones y sea el público quien decida al ganador. No se pusieron de acuerdo y quedaron finalmente en presentaciones por separado. Primero actuarían Los Ángeles Negros y luego subirían a la tarima Los Iracundos. Desde ese día la promoción en las radios era constante y tuve que conseguir 40 entradas para mis compañero de promoción del colegio que ese año culminábamos la secundaria.


Ese sábado de septiembre terminamos de almorzar en el Hotel Maury del Centro de Lima donde dicen que se inventó el famoso cóctel Pisco Sour, y había como una atmósfera de tensión. Yo les contaba que Acho era una plaza de toros, que el escenario lo habían colocado en medio del albero y que sólo habían habilitado una puerta para llegar hasta ahí, la puerta de cuadrillas. Cierto, antes había estado en el escenario instando los equipos y en medio del redondel esa mañana, me sentí el mismo Manolete lanceando unos estatuarios en los medios. La peor estaba por venir. Nadie imaginó que en unas horas no íbamos a ser embestidos por un toro Miura sino por una turba enardecida.




Muerte en la tarde

A las 4 de la tarde llegamos en dos camionetas hasta el mismo centro del redondel. Al principio no se notaba nada que no estuviese en su lugar pero al estar habilitadas unas sillas que rodeaban el tabladillo central, el público estaba tan cerca que sin valla de protección, de un pequeño salto ya estaba en el escenario. Con la primera canción, Murió la flor, la gente reaccionó de manera calurosa pero cuando estaban interpretando Y volveré, ahí sí que se armó. La histeria se apoderó del Coso. Las muchachitas, las chiquillas, las niñas, en una historia inenarrable, se lanzaron a tomar el escenario custodiado apenas por cinco policías. Por instantes se las contuvo mientas el animador pedía que paren la canción para llamar al orden. Luego volverían a la carga.



El viejo Germain de la Fuente

Yo estaba con ellos en el tabladillo y nos rodeaba un mar humano que había ingresado a un trance casi diabólico. Ya no se podía seguir. En un momento los conductores de las camionetas, que casi atropellando a la turba, se pegaron al tabladillo para rescatarnos y yo confundido como músico chileno sufrí las consecuencias con todos. Jalado de las ropas, besado hasta el hartazgo, manoseado hasta el delirio, pude alcanzar ver las camionetas y a punta de codazos y patadas los hice tomar de las manos a los cinco y jalarlos hasta los vehículos. Al fin pudimos bajar y subirnos todos a una de las camionetas pero el público rompió las lunas y se querían meter por las ventanas. Atinado el conductor no hizo caso a un espontáneo que también había subido con nosotros y que gritaba. “arranca, arranca”. El hombre condujo despacio, al contrario y a nosotros nos pareció los momentos más largos de nuestras vidas hasta que llegamos a la avenida Abancay y nos pusimos a salvo.

Cierto que estábamos vivos pero bien magullados. Yo tenía cortes en las manos por los vidrios de las ventanas, me chorreaba sangre por la frente y me dolía la espalda. Los Ángeles Negros no terminaron espectáculo, casi son linchados y fueron a dar a la clínica Miro Quesada, decían los diarios al día siguiente. El gusto fue que mientras nos atendían, nos moríamos de risa contando las experiencias de cada uno. Germain estaba irreconocible, tenía el pantalón en trizas, igual la camisa y el dolor de cabeza lo mataba porque habían querido quedarse con un mechón de su cabello. Así, quejándose en una camilla no paraba de reírse recordando la hazaña de haber podido salir vivos. Nadie dice que ese duelo lo ganaron Los Ángeles Negros, yo aseguro que con Los Iracundos no hubo problema y tocaron hasta el final porque llegó un escuadrón de la policía de asalto de refuerzo y porque las fans ya habían tenido su orgasmo con nosotros.


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LA SAETA SE VA DE TRAGOS

Escribe Eloy Jáuregui

Breve recorrido por tres bares emblemáticos del Surquillo de los años cincuenta. El Tobara, el César y Don Julio. Todos, templos de la bohemia y los diálogos tiernos del viejo barrio amoroso y entrañable. Hoy ya no existen más pero su memoria es recordada en esta crónica sumergida en los licores de la nostalgia.


Para Néstor, mi padre allá en el cielo.




1. EL CATASTRO DE LA AMISTAD. Al mozo de noche lo llamábamos Lando Buzanca. Era de fibra a mariposa, tenía un gancho mortal al hígado y cantaba como Raphael. En el bar Tobara de la esquina de Angamos con República de Panamá, apenas anochecía, lo invadían una fauna feroz y babélica. El lumpenaje rancio, presidarios de vacaciones, rameras redimidas, homosexuales en ejercicio, profesores de ciencias cuánticas, vecinos boquiabiertos, poetas desahuciados por las musas y alcohólicos abandonados por la fe. Lando Buzanca nos conocía a todos y para cada cual tenía un lenguaje.


El Tobara era el antro de las transfiguraciones. El rito vicario de los desalmados. La costra de templarios del barrio con prosapia y sin ley. Ahí, aprendí filosofía, dados, timba y la poesía cruel, de no pensar más en mí, parafraseando a E. S. Discépolo. Los Tojara –que ese era el apellido original de los dueños de origen okinawuense—, tuvieron en el viejo Jiro al líder y factótum de esa isla generosamente proterva en medio de las brumas de una bohemia con la alcurnia del pobre. Alguien equivocó el apellido al hacer el rótulo sobre la gran puerta del bar-restaurante de la esquina y así quedó enclavado en el imaginario, la huasamandrapa y en ese océano lujurioso del distrito popular. Los acólitos que llegamos de púberes, sabíamos de sus 16 mesas y su gran barra alucinada con trasfondo de licores de baja estofa y uno que otro trago decente.


En el mostrador, de fuentes humeantes de la cocina criolla y nikkei, de saltados y calamares, de tallarines y cau cau, de mondonguitos y escabeches, dejé las huellas de mis codos y mi cabeceo enamorado de la noche, los amores perdidos por flojo corazón y los amigos de venas trenzada y la conversa del verso cómplice que hace del bar, la institución psicoanalítica antes de Freud. Cierto, el Tobara se fue convirtiendo en capilla y catequesis, en aula alternativa y universidad de la propia vida. Aquel fue su atractivo y su pudor. Su exclusivo clientelaje sabía bien que ahí se iba a encontrar a sus congéneres, a esos seres que vivían preocupados por el origen de las cosas, por la explicación de los fenómenos totales y por el fondo y la forma estética con qué explicar que la vida existe de otra manera y no como dice Baldor.


Así, se tejían los diálogos profusos y cotidianos, triviales o trascendentes, triunfales o dramáticos, amargos o hedonistas. Y en cualquier momento hacía su ingreso un choro plantado como un gran maestro o un irreverente poeta chavetero, un profundo filósofo nihilista o un cultivado periodista sin trabajo, un anecdótico pintor de brocha gorda o un fulgurante caficho, todos reunidos en ese bar surquillano que el tiempo convirtiera en aula magna o antro solemne. En medio de ese cambalache nocturno, la familia Tojara, luego de don Jiro, con doña Mechita o Julito y sus hermanos mayores, protagonizaron una función normativa y pedagógica. Se los respetaba como ellos respetaban el resplandor de las ideas que en esas mesas del Tobara adquiría categoría de fe teológica.


Las cervezas nunca faltaban entre las frases de los parroquianos, así falte plata o lógica de buenas costumbres. No obstante, yo jamás participe en bronca alguna, Nunca vi un chavetazo, mucho menos un botellazo. Todo era ternura, todo corazón. Luego, al Tobara llevé a mis hermanos más de sangre que sangrientos. A los tíos que se morían en mis brazos, a mis primos que habitaban en el rinconcito de los cariños, a mis enamoradas nocturnas y hasta a mis hijos luego de salir del Nido para que por las mañanas se comiesen decenas de gelatinas, pasteles o cebiches, que existía en la función matinal.


Por la tarde conversaba con los jubilados y a las seis de la tarde me asfixiaba de miedo escénico porque en ese ojal de la vida que se vuelve noche cantaba boleros desafiando como loco con el perdón de la casa. Fui condecorado una noche de esas como “Huésped ilustre” y ahora que observo el viejo edificio donde un domingo vimos pasar al autentico Señor de los Milagros.

Ahora que el Tobara ya no existe más y se ha convertido en una farmacia, ingreso a pedir un hepatoprotector en la misma barra donde hace un tiempo exigía un navajazo de ron. Mi hígado antes que mi corazón es testigo de mi amor. Por eso recuerdo esta esquina como el iceberg de mis cariños más profundamente entrañables y, mientras escribo estas líneas, unas lágrimas ruedan de mis mejillas y humedecen el mantel donde muestro el mejor de mis cariños.





2. EN LA VENAS DEL RITMO. A César Paulino López lo conocí por su esposa. Una dama surquillana que había obligado adecentar la pocilga-bar con rockola entre los jirones Dante con Carmen y que antes López y unos manilargos musicales habían bautizado como “Puerto Rico Chico”. Así, fue mi catecismo rumbero en Surquillo. Bar con rockola, con discos clásicos de la Sonora Matancera, con pinturas de Héctor Lovoe y Daniel Santos en sus paredes, era el cielo junto al infernal sonido de mí latir rumbero.





A César llegaban los varones más fieros de la comarca. Cada cual cargando sus penas y sus condenas, sus dulces odios y sus amores cortados. Las cicatrices se embellecían apenas se acercaban a la máquina de la música. No he visto seres humanos más salvajes que esos que escuchaban los boleros de Orlando Contreras con los ojos encendidos en cóleras, ni las rumbas de Celio Gonzáles con la ira sonora de sus explosivos gestos del cadalso perpetuo. Donde César aprendí que aparte de Dios, la música le brindaba a uno las vías para llegar al cielo de tambores. Por eso llegaba a las once de la mañana.


César sabía que venía de la universidad. Me servía una cerveza y ponía en su máquina el E-15, era el disco de Lavoe, “Ausencia”, para olvidarme de esa perdida. Mujer que me amaba a mí y a cinco igual que yo. Entonces podía preguntarle por qué de ese estilo esquinero de bar para la canalla del “barrunto”. Él argumentaba que era también por esa mezcla de respeto al barrio y a la mujer como elemento combustible divinamente adivinado en un diván.


Yo me iba antes que caiga la noche. Luego, la esquina era el mismo averno con la gente más prestigiosa del hampa nativa y proactiva. César entonces se convertía en mariscal de campo. Cierta vez llegué nocturneando. César tenía otra voz y maneja un revólver para tener en raya a los guapos que gracias a la música de Eddie Palmieri y Ray Barretto se había convertido más que en alcohólicos, en sus acólitos. El escogía los temas, ellos la cerveza y el cachito: “Callao cinco rayas en una volteando un dado”. Vaya maña. César me miró. Dijo que me vaya. Me regaló una sonrisa matinal y por eso estoy vivo. Luego me contaron que se suicido. No creí aunque siempre supe que dormía con la muerte y que sólo con la música había evitado ser hace tiempo un cadáver guarachero. Por esto y aquello lo extraño.



3. TOTO TERRY TOMABA DESAYUNO. Su viejo e inmenso automóvil Studbacker se posaba a la 9 de la mañana todos los días. Toto Terry bajaba confiado como frente al arquero de Brasil, se acercaba al mostrador y pedía lo de siempre. En donde Don Julio, en la esquina de Huáscar y Leoncio Prado, “lo de siempre”, era un desayuno en base a un caporal de pisco acholado y una cajetilla de cigarros negros. El gringo entonces agarraba un tono colorado después del primer “socotroco” y comenzaba a mirar en colores lo que el resto miraba en blanco y negro. Don Julio era un viejo japonés que había convertido su esquina en un enclave de la devoción.




Era bodega al principio pero él la embelleció con su trastienda. La trastienda es un viejo recurso limeño que en surquillano significaba tomar un trago para confesarse. Tres mesas y una barra caleta. Ahí descubrí el coñac Tres Estrellas, famoso por sus efectos del delirio absoluto, sobre todo cuando lo mezclaba con Pasteurina y el jugo de una naranja. Había un trago llamado “Torito” que lo hacía a uno embestir a cualquier cosa que se moviese y otra, más jodido, bautizado como “Tarántula”, uno bebía de ese brebaje y literalmente se trepaba por las paredes. Pero Julio con toda la familia era experto en pescados. De su impronta le salió un caldo de pescado llamado en otros pagos como “Chilcano” y que parecía cola de carpintero, que se servía en tasitas y con decorado de florería marina. También preparaba un cebiche que lo alistaba en la barra de la derecha y delante de los comensales que babeábamos mientras cortaba los limones, las cebollas y lo servía jugoso en platos cuadrados que nos ponía los ojos redondos como el universo de los sabores más rijosos del firmamento. Una mañana, mientras me observaba con ese tic que tienen los guapos de dedo meñique frente a una cerveza se derrumbó. Hoy que mora en el cielo de las bodegas le agradezco su sazón y sus zumos aristotélicos de mi fortuna de surquillano.




4. CODA. Nombro en esta crónica a tres esquinas entrañables para los habitantes de Surquillo. Me olvido de otras, no por no quererlas, sino porque ese trío me hizo ser como soy. Un amante del respeto y un jijuna del cariño. Diré así que uno sólo es uno cuando abre la puerta del bar, se mira con sus congéneres, menta la madre al destino y se mete entre pecho y espalda aquel elíxir que a unos los manda al infierno y a otros, como este cronista, nos obliga a decir que los extraño mucho. Yo no era así, el mar y el bar me cambió. Y para bien.



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LA REDONDEZ DIVINA [*]


[Columnas publicadas en diario TROME]

COPA AMÉRICA
Escribe : Eloy Jáuregui




POR LOS CHICOS

Llegó Zelada ebrio de rencor patriótico a lo de La Paisana en Libertad de Magdalena. Cállese, le advertí, sino no le invito su Encebichado, plato emblemático de la casa. Quiero Cabrito con frijoles, dijo ya más sereno pero advirtió que Claudio Pizarro es un fantasma y que Pedro García un perfecto huevas. No respire por le hueco, le dije. Y le expliqué que Perú perdió con Venezuela sólo por temperamento, jugamos mal y eso está en las posibilidades. Si no te cobran un penal, si te sacan la roja, si te pegan toda la noche, no te caigas. Saca raza, capachos, ponle lama vida y corazón.
Ahí fue que me preguntó Zelada, por qué este equipo de Uribe no podía perder. Le tuve que refregar que esa es parte de nuestra estirpe. Ganarle a un grande y perder con los chico. ¿Los chicos? me gritó preguntando e insistió ¿Cuál chicos? Cierto le respondí, nosotros somos chicos. Pero aclaré, somos chicos en mente y en alma. Por eso no afrontamos con cojones los retos de nuestro destino y no nos vemos en ese espejo que es nuestra historia.
Rafo León decía respecto a si éramos ricos o pobres ayer en canal siete, que los peruanos nos sentíamos inquilinos de nuestro riqueza. Zelada dice que no hay peruanos, hay ‘pobres peruanos’. ¿Los futbolistas? Cierto. Por eso la demostración del equipo de Uribe contra Venezuela fue la confirmación que a pesar de tener grandes jugadores, somos un equipo miserable. Esa falta de grandeza viene de antiguo. Con tantas calidades, por qué seguimos siendo futbolistas mendigos. Peo, no se puede jugar.
Vea usted, dijo Zelada, pidiendo media hora de cervezas. Uruguay estaba eliminado y arañando le ganó a Bolivia y casi está clasificado. Sí, es cierto, le respondí. Pero ellos tienen disciplina moral y capacidad para afrontar la adversidad. Zelada dijo que repita. Capacidad para vencer la adversidad, insistí. Mañana cuando juguemos con Bolivia veamos hasta donde llega el propósito de enmienda. Y déjese de rajar del juez Archundia. Déjese de insistir que hay un complot contra Perú. Déjese de ser miserable. Hay un equipo, hay mística, hay sueños. Claudio y García cometen errores, no seamos basuras para imitarlos. Está bien dijo Zelada y pidió media hora más. Hasta mañana.




CÓMO SE PUEDE

Estaba el Panzón Zelada observando el ensayo de ‘Con tetas si hay paraíso’ en ‘La Mueca’ de Miraflores y escuchando a Otiniano quien decía que Maribel Velarde es la nueva ‘Diosa del erotismo nacional’ cuando me preguntó por qué Venezuela era más difícil que Uruguay. Le tuve que explicar que ese no era el asunto. El problema radica en que Perú –según la historia que quiere cambiar Uribe—nunca repite un partido. Le ganamos al grande y perdemos con el chico, añadí.
Le recordé que esa vez de la Copa América de 1991 allá en Chile, fui testigo del drama que vivía el DT Company. Tenía un equipo que parecía un relojito, con el Chemo y Puchungo, pero que a la hora de los loros se quedó sin delanteros porque al tristemente célebre Balán Gonzáles le agarró un ataque de melancolía por culpa de la lluvia santiaguina y se negó a jugar. Con todo, esa vez Perú le ganó 5 a 1 y con baile a Venezuela y esa cicatriz no se la quita nadie.
El fútbol es disciplina, conducta y orden. Parar, pisar y meter un caño es un orgasmo. Pero no siempre se es feliz en la cama o en el verde que para mi es lo mismo. El fútbol es filosofía antes que religión por eso acabo de leer una frase de Albert Einstein: “Hay dos maneras de vivir su vida: una como si nada es un milagro, la otra es como si todo es un milagro". Mañana contra Venezuela, ojala que todo sea un milagro, digo yo.
Richard Páez tiene medio equipo enfermo. Se fregó el zurdo Jorge Rojas, aquel que sube por izquierda. José Manuel Rey, el central, está luxado, Miguel Mea Vitali, su motorcito, anda herido y Juan Arango, el del Mallorca, está triste por cornudo. Además, están obligados a ganar y aunque son rápidos y disciplinados, les falta alma y duende, aquello que nos sobra a nosotros, cierto, de vez en cuando.
Zelada, ya en la calle de las pizzas, afirmaba mientras apuraba un balde de sangría, que los triunfos en el fútbol no son como los trenes. Hoy un cariño mañana una traición, arremetió mirando el más acá. Hay sí le di la razón. La fórmula tiene que variar. Uno menos en la defensa y otro volante ancla. Regresar al 4-3-3. Para eso es la táctica. Para cambiarla según el que está al frente. Con eso los aplastamos. Hasta mañana.










DESPUÉS DUELE


Cierto que hace años no la vemos en el fútbol. Salvo la Sub 17, sin ser injustos, donde clasificamos por dos pelos. Cierto, como dice el mentalista Zelada, al pueblo hay que darle circo y pan, cuando hay. Cierto lo que dijo el martes Pizarro: “Siempre que juega la selección, uno tiene que ilusionarse. Pero sin ser aguafiestas, yo digo que no es para tanto y tampoco para menos. Golear a Uruguay hasta a Vladimiro y a Tongo los ilusiona.
Desde 1983 Perú siempre debutó bien en la Copa. Es decir, nunca nos ganaron. Esta vez fue rotundo y ojala luego no me vengan con lamentos ante el júbilo preorgásmico merecido pero desmedido. En la cebichería El Esturión de frente a la UPC hasta ayer había sarao y relajo. Y dos profesores de mi universidad han fomentado una polémica que es inédita. El maestro Zamalloa dice que para ser campeones solo es suficiente 5 buenos defensas mientras que el profesor Bailón asegura que este equipo no necesita mediocampo.
¡Vaya entuerto! Este columnista sostiene que al contrario, Perú ganó por ser ‘eso’, un señor equipo. Y aunque Bazalar, García y la Foquita, aparentemente eran menos que el cuadrante celeste, supieron jugar con la pelota en el piso, hacer los tiempos, nunca reventarla y respetar el estilo Uribe, que ya lo dije, no será Menotti, pero la conoce. Plantó bien el equipo. Hizo los cambios precisos y el equipo jamás se cayó.
Zelada, que ahora vende máquinas “llame ya”, ha dicho que llegamos a la final. Pobre huevas. Debería escuchar a esa manga se sabelotodos de Fox Sport con Niembro y el Bambino a la cabeza que aseguran que Perú se cae en la segunda ronda. El martes, mismo el panel de argentinos petulantes juraban que los uruguayos nos aplastaban. Luego dijeron que no era que Perú haya jugado bien sino que los charrúas son unos troncos.
Yo lo único que sé que este equipo tiene cojones y experiencia. Que además les han inyectado coraje de alto octanaje. Que es cierto que nos pueden ganar pero que dejarán el pellejo en la cancha. Bolivia, que se nos parece, le “toco” la pelota a Venezuela y los aplastó. Esa es la fórmula para el sábado. Jugar con duende, achicar el equipo, crear sociedades y romperlos de arranque. Hasta mañana.








ESTABA ESCRITO

Ganar con aquello que dije ayer nos dio la razón. Es decir, toque, amague, sorpresa y sobre todo, hartos huevos. Eso hizo que goleáramos a un Uruguay duro, complejo e implacable. Pero aunque al principio el partido estaba para los dos, las salidas del once de Uribe que partían de una defensa sólida nos fue dando fluidez, mecánica y una dinámica para jugar esperando y salir violentos con Pizarro, Paolo y la Foquita.
Y fue mejor la inteligencia de la estratega nacional. Yo no digo que Uribe es mejor que Tavárez, pero anoche la hizo y nos devolvió una alegría que necesitamos hoy más que nunca. Perú no es menos que nadie porque juega y ofrece belleza. Pero además hay que matar a los árbitros y a uno que otro dirigente que permite que dirija un energúmeno
El fútbol lo decía Zelada, es un constructo estético porque articula piezas, estilos, modos, tendencias, velocidad, ingenio, plasticidad. Eso es jugar bien, armar con artefactos de diferente calibre un ‘equipo’ que funcione atacando y defendiéndose. Cualquier otro deporte puede tener las mismas exigencias, pero el fútbol, por ser juego de conjunto, se convierte en metáfora pura, es artificio masivo, en conexiones con lo que no entiende la lógica. Es decir, poesía detrás de una pelota a la que se respeta y a un rival al que no se le tiene miedo.
¿Por qué ganamos 3 a 0? Porque fuimos mejor con ese 3-5-2 que se convertía en un 5-4-1 cuando los celestes nos atacaban. ¡Y vamos que se venían con todo! Y fuimos mejores porque Butrón, El Oso, Rodríguez y Acasiete estuvieron impecables. Amén de Vílchez y Galliquio. No recuerdo faena mejor en defensiva nacional. Para ganar es necesario no fallar y nuestra defensa no falló. ¿Raro no? Pero los goles de Villalta, Mariño y Guerrero hablan de otro espíritu. Ojalá
Yo sé que no estamos para campeones pero un 3 a 0 vale para clasificar y nos deja serenos. Los uruguayos Forlán el “cebolla” Rodríguez y Estoyanoff fueron ‘disueltos’. Y así dice la prensa charrúa. ¿Y usted sabe por qué? Porque con el ritmo que le metió el viejo Bazalar y las ganas de Claudio y Paolo, por eso también les ganamos. Pero sereno moreno. Esto recién empieza. Yo sueño con más. Hasta mañana. Fue un gusto.










FÚTBOL-FIESTA

Estábamos ayer en el “Bananas” de Zarate cuando Pepe Rejas recordó que en el fútbol, con Uruguay, existe un superávit ideológico. Tenía razón el metafísico. Y sin esperar el Caldo de Gallina, advirtió que la cosa venía de 1930, en Montevideo y evocó al “Mago” Valdivieso y la inauguración del estadio Centenario. Yo seguí explicando el ‘shock’ que me produjo el domingo un reportaje sobre Las Diablitas del Sabor y Alma Bella. Nadie me paró pelota porque el grupo estaba alucinando con esta nueva versión de la Copa América que se arranca hoy en Venezuela.
Les di la razón. El fútbol es el alimento del pueblo y los latinoamericanos somos los mejores del planeta. Por eso y aquello, la fiestas no puede estar mejor amenizada que con Perú-Uruguay, esta media tarde en el Estadio Metropolitano de Mérida. En realidad el debate había empezado el viernes en el Queirolo de Lima cuando Verástegui dijo que ganábamos sí o sí y que ya era tiempo de dejarnos de mariconadas. Cierto, en eso de la selección estamos más salados que cantantes chicheros.
Pero con Uruguay a pesar de Agustín Mantilla, nos va bien. Yo recuerdo ese domingo gris en 1965 cuando en el Estadio Nacional por las eliminatorias para Inglaterra, Perú se hizo empatar a uno y los uruguayos nos dejaron fuera. Antes, aunque usted no lo crea, el equipo que manejaba el joven Marcos Calderón, goleo a los venezolanos, que estaban en el mismo grupo, 6 a 3 en Caracas cuando Eloy Campos de agarró a patadas con Rubiños antes de terminar el partido.
Otro momento cumbre fue en el Centenario en 1981. Ahí viví la emoción más intensa que me había producido partido alguno, incluso mejor que cuando lo de Leysi Suárez. Aquella vez que ganamos 2 a 1 al Uruguay de Ruben Paz, De León y Victorino. El mismo Julio César Uribe junto a Cueto, Oblitas y Barbadillo la pusieron contra el piso. Se mandaron cientos de ‘huachas’, la tocaron como con una pluma y los celestes fueron arrasados como hoy, espero que se repita con ese estilo tan de esquina pero con una cuota de lucidez.
El nuestro es fútbol-fiesta, a veces. Sirve para los ojos como pare el corazón. Sólo hay que agregarle huevos y ser conchudos. ¿Acaso en la vida no todos somos así? Hasta mañana.



* (c) Diario TROME. Lima Perú, Julio 2007

9 comentarios:

Franz Aguilera dijo...

Maestraso, un placer saludarlo. Espero toparmelo en algun bar para compartir un salud aunque sea por unos minutos.
La otra vez me tope con un Trome y vi su foto con una pose media maricueca. Estuve leyendo su columna y descubri que ademas de un genio escribiendo, es analista de futbol. Aunque la logica me dice que si Ud. es hincha de la U, no sabe nada de futbol jajaja.
Un placer saludarlo Profe.
Franz Aguilera (Ex alumno de Taller de cronicas y entrevistas)

Crowie dijo...

Qué bueno encontrarse con algo diferente dentro de la Internet...y claro, nos referimos a sus crónicas.
Somos estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque y admiradores de su trabajo. Aprovechamos este momento para comunicarle que, en el mes de junio (primera semana), nuestra Escuela estará de aniversario y nos llenaría de satisfacción contar con su presencia en calidad de ponente y que de esta forma pueda compartir con nosotros sus experiencias y perspectivas sobre la crónica y el periodismo en general.
Agradeceremos su respuesta al correo: ljcamasca@hotmail.com

pc multiple dijo...

el tio picotv, en sus columnas repite hasta la saciedad a : truman capote, elpadrino, "memorable pelicula dirigido por.." (casi siempre david cronenberg), studio 54, pisco acholado...etc, etc

y parece q se cansa las sombras del anonimato porque mete un eloy jauregui de contrabando entre sus comentarios como para q uno se pregunte quien es esta persona

Siempre quiere dar infulas de conocedor y leedor de grandes obras y temas...pero solo es un loco wikipedia

segun el siempre seduce a las noveles compañeras de trabajo
pero en realidad solo es un viejito putañero.

mañana sigo

Indiana de Yemanjá Bomi dijo...

Me presento: Mi nombre es Indiana Bauer (Jáuregui Segui, son los apellidos maternos. Soy Argentina, radicada en Buenos Aires. Me gustó mucho tu blogspot. Mi dirección es www.blogger.com/elrincondeindiana. Supongo que por alguna casualidad tendremos parentezco. Un saludo y éxitos

Indiana

SusurRoh dijo...

Me parece curioso algo.

Recuerdo una vez en el 2007, yo asistia a la academia pre universitaria Antenor Orrego, y tenia un amigo, gran amigo. Su nombre es Alonso Jauregui. Un dia mi amigo se fue a almorzar con su papa, y yo, viendo que el era el unico amigo que tenia en todo el local, decidi fingir que debia salir con mi papa, y le pedi a Alonso que cuando yo lo llame, pretenda ser el que debia autorizar mi salida.

A aproximadamente 50 minutos de su salida, decidi irme. Llego a la oficina del director y le solicito un pase, me pregunta quien me autoriza, le digo: mi papa necesita que nos encontremos para ir al médico, o algo asi. Llamo a Alonso y le digo "papá, el director dice que tienes que autorizarme", y solo recibo de respuesta un "que?" primero, y luego un ya, ya.

Al dia siguiente, le pregunto que le dijo al director. Me dijo: yo no fui, fue mi viejo, jaja, el si te ayuda a salir al toque nomas.

Hace 2 dias me entere de que Eloy Jauregui es "su viejo". Le dije que si podia pedirle su opinion sobre mi blog, ya que quisiera saber mi nivel, le dije que habia leido algunas de las cosas que escribia, visite el blog varias veces porque su forma de escribir me gusta mucho y a pesar que no siempre ha sido el estilo que me agrada, este escritor, periodista, profesor y papa de mi amigo, tiene algo especial al relatar las cosas.

Saludos mister Eloy Jauregui


María Milagros Brugman
Periodista (algun día)

luis dijo...

es mas que algo convencional porder ver su blog y ver sus cronicas el movimiento literario es muy bueno me gustaria que me responda a este blog un gusto hat luego

jHoNnY dijo...

fenomenales sus crónicas, MAESTRO.

RCH dijo...

eloy jauregui ha sido un triste pavo, ni a palomilla de ventana llegó. fue un pavazo y nadie le paraba bola en el callao porque era un gilazo. mi viejo me conto que a eloy de chibolo casi se lo levantan, de no ser que le habian operado el poto y sus violadores se desanimaron. en fín, fue un pavo.

María Raquel Chavarría dijo...

Bueno, escuchando música de los Ángeles Negros, encontré esta página. Me encantaron las anécdotas sobre ellos. Yo no pude conocer la agrupación, pero adoro su música. Me hace transportarme a aquellos hermosos días de mi juventud.