lunes, junio 05, 2006

TE ODIO OLLANTA 1: LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN


PENÚLTIMA DEFENSA DE LA CLASE MEDIA

La clase social más furcia del territorio nacional es precisamente aquella a la que ya no le queda clase. La Clase Media. Ahora que van abolir las colas y prohibir la penetración, hagamos un propósito de enmienda y a rezar para que Alan García, nuestro presidente recargado, nos devuelva por favor la prez de ese rinconcito del confort y el recado para no ser o parecer pobres otra vez. Te odio Ollanta.

ESCRIBE Eloy Jáuregui

a. La derecha jurel. Antes de marcharse, el presidente Toledo, aquella mañana que le tocó votar por Alan García y todavía con su palmarés de primer mandatario a cuestas, recordaría esa vez que su padre lo llevó al río para enseñarle a comer cuy. Era un cholo de esos y no pensaba estudiar en Harvard. Ahora se halla en los estertores de su gobierno. Ya fue un presidente heterodoxo. Ya fue presidente. Ya fue. «Dejo un país sanito» dizque dijo pero nadie le creyó el domingo. Los periodistas lucían las medias rotas y hasta su seguridad vestía ternos EL marca chancho, lustrosos por viejo, brillantes por sucios. El presidente, que es economista, sostuvo que el Perú y su Clase Media [1], estuvieron a punto de ser destruidos desde Velasco pero que fue la derecha peruana la que no lo permitió por sus agallas nacionales y sus gallos internacionales.


Un último estudio sobre niveles socioeconómicos y hasta el cierre de esta edición hablaba que el 51.8 %de la población limeña está considerada pobre. Es decir, que el promedio mensual por familia de la capital vive y arranca de su triste realidad real apenas 431 dólares. Qué quiso decir don Alejandro Toledo. Que a ese sector, que él había encontrado en la más pestífera extinción, le había pegado una ayudadita oral, algo así como respiración boca a boca modificando la estructura impositiva y ofreciéndoles vivienda al alcance del bolsillo del de a pie.

Señora, señor: ¿Qué diablos fue la clase media? Acaso aquel grupo de nacionales que asistían al ahora tapiado cine Colón o los otros que se empujaban un sancochado de rigor y con harta carne de pecho un día sí y el otro también o aquellos que compraban su loción en la Botica Francesa. Me temo que no, dijo el tecnócrata. En el Perú, la Clase Media es un sector amorfo, dijo uno de lentes y bigotito. Todos se miraron el pipute.


Veamos. En un nivel complejo de ser identificado, un experto de San Borja que portaba un traje verde pacae, advirtió que don Antonio Gramsci, el filósofo italiano, soñó alguna vez que la Clase Media podría unirse alrededor de un proyecto revolucionario y liderar cambios profundos en la sociedad, creando lo que él mismo definió como el Bloque Histórico, marcando clara distancia con Karl Marx, quien decía que era la Clase Obrera y no otra, la que debía tener la responsabilidad de generar los cambios drásticos en cualquier sociedad. ¿Y la Izquierda Caviar? ¿Y la Derecha Jurel? ¿Y el Centro Tamal?

Cierto, Gramsci vivía también en el año de la pera y nunca se imaginó que en el Perú la Clase Media devendría en un bloque híbrido, sin consistencia ideológica, con una clara inconciencia de sus intereses particulares que la inclinarían a la aspiración de un ascenso social a costa de lo que sea, pero con muy poca fuerza y consistencia por alcanzar este[os] propósitos. Ese proyecto lo obligaba a dejar con los crespos hechos al bienestar social, haciendo alianza con sus eventuales verdugos. Que duda cabe, la clase media no sólo en el Perú sino en Bolivia, Paraguay, Ecuador, Venezuela y paro de contar, es una entelequia o un espacio virtual luego de las recetas del FMI y los enemas del BM.


Esa vez, el presidente Toledo, sin querer queriendo puso el dedo meñique en la llaga y el pulgar en el bolsillo roto. Le hacía recordar a un gran sector de los peruanos que como decía el profesor Víctor Torres recordando al poeta: «…Cuán presto se va el placer,/ cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer,/ cualquier tiempo pasado/ fue mejor. ». Yo, que era fanático de mi abuelito, don Luís Coronado de la Altas Torres y Pérez; lo oía todas las tardes recordar su bodega de vinos, su Fort T bien paradito y su frotación Charcot antes de, y después, también. Sí don Luís, que vivía en los pagos de Surquillo pero todos los días comía churrasco y con servilleta bordada con sus iniciales en Century Gothic, agarraba su platea sin falta en el cine Primavera y cuentan las malas lenguas que mantenía con dignidad cuatro canales en medio de los aromas más fieros de los amores alcanforados. ¡Ah, qué verde era mi valle! Y cierto, nuestras billeteras. Te odio Ollanta.


b. La izquierda Caviar. Los de la Clase Media recordamos las medias caídas de Toto Terry, de Chocolatín Heredia y de nuestro fujigoleador Teófilo Cubillas. Futbolistas que inventaron el pasapiolismo económico del peruano conchudo. Pero la clase media –o lo que queda de ella—podrá comprar en Wong, curarse en boticas Inkafarma o cuadrarse una camisa «Antonio». Eso, cierto, no le quita su esencia de misio. Si Odría inventó la Clase Media criollaza con harto pisco y butifarras, fue Prado quien le otorgó tufo a Cologne 4711. Con Belaunde nos convertimos a la cultura del edificio y nos refrescó en el consumo de marcianos de caigua. Pero fue con Velasco que agarramos perfume a queso y con el segundo Belaunde obtuvimos diploma de caídos del palto para ingresar a la era de la leche ENCI del primer García, cruzar la década hedionda con el ciudadano Fujimori y hasta aterrizar en la Chakana Fashión con nuestro epónimo Alejandro Toledo.
Pero todas no son malas noticias para los minusválidos de la Clase Media. El fotógrafo neoyorquino Spencer Tunick [2] amenaza con llegar a nuestra patria para tomarnos una foto en masa. El hombre es lo que dicen un fotógrafo-autor y ha patentizado desde aquella vez el «Be Consumed» [es decir, en nuestra lengua: ser consumido] en una mega tienda de Londres. Sus contactos en Lima ya han comenzado las gestiones en las galerías «El Rey de Gamarra» del emporio textil del mismo nombre donde a pellejo limpio pasaremos a la posteridad como Dios nos regaló al mundo.


Rolando Arellano[3] y su Estilo de Vida, utilizado un método más científico que curioso, desde la óptica política, económica, administrativa y de marketing, le saca la vuelta a la economía ortodoxa y le levanta la moral a los de la Clase Media al clasificarnos de acuerdo a nuestro perfil cholo, jamás griego. Así nos hacemos diferentes. Según esta nueva tabla en el Perú existen las conservadoras, los tradicionales, los progresistas, los sobrevivientes [aquí estamos, hermanito], las trabajadoras, los adaptados, los afortunados, los emprendedores y los sensoriales. Creo que Arellano se acerca a la esencia del problema pero se olvida de los Alpinchistas, que son la mayoría, es decir, aquellos peruanos que ya perdieron la fe, que habitan en las cumbres de la miseria, y de los Quechuchistas, que son los motores del clientelismo y las víctimas de los populismos de hogaño y desde el año de la pera.


El Perú, que no es un país tropical, en el fondo sí lo es. Hay ricos y hay pobres y hay izquierdistas. La clase media existe si uno es huachafo, si vicia su voto y agarra turismo ecológico para acercarse de costa rica al maestro Rafo León. En Asia, el balneario del sur no el continente, no hay clase media, en Lurigancho tampoco. Es decir, existen peruanos que tienen conciencia de clase para sí, ya que si en algo está clara la Clase Media es en que no quiere ser Clase Media. Y esto, producto de sus motivaciones insolidarias para alcanzar la tan ansiada movilidad social y la táctica de la araña [4]. Full arribismo.

Con grandes y honrosas excepciones, los clasemedieros nos morimos por salir en la página de sociales de la señorita Peschiera en El Comercio, en Circo Beat de Somos, en la central de «la revis Cosas», en la contra de Ellos & ellas o porque nos entreviste el gran maestro Chema Salcedo en «Fulanos y Menganos» o por último que nos haga trapear el estudio la buenaza de Almendra Gomelsky de OH Diosas. O aún más, qué carajo, nos vean en un moll de Orlando preguntando por un pareo para la otra e incluso, nos ampaye la Urraca en el Café del Mar chapando un applemartini. Luego, nos llega que nos encuentren en el mercado de Lince comprando una «china» de menudencia de pollo o solapeando una malcriada del Trome.

No cabe duda que los arribistas abundan como los racistas. Ninguno, por más apellidos que tenga, puede sacar pecho porque son ricos o «los reyes del olluco». Sin embargo, se computan nobles o descendientes de nobles y alucinan pertenecer a la generación «fo» o pertenecer al sector GCU. Ninguno puede asegurar que sus ascendientes vienen de los Borbones, de los Saboya, Cavour, Tudor, Habsburgo, Hohenzollern, Romanov, de la casa Sajonia-Coburgo-Braganza, Hachemita, etc. Y sin embargo son presumidos, pretenciosos, altaneros, vanidosos, petulantes, fatuos, orgullosos y jactanciosos de su status o riquezas y se creen de sangre azul con el perdón de Perico León y los hinchas de Alianza Lima. Ya no hay ‘progres’ ni altruistas. Existen los de las 4X4 y los que están en la agenda del tristemente célebre La Gata. Te odio Ollanta.

c. El Centro Tamal. Nadie mejor que el papá de Lourdes Flores y el viejo Bedoya o Ántero para embutirnos a todos en el centro social. Si el centro ideológico es el Punta Sal de los extremistas, el centro político en el Perú es un bus-camión con rumbo a Chongoyape. Ya sé señito, usted quiere ser decente y tener su Abtao Fashion donde criar a sus gemelitas: Cayetana y María Fe. Pero la vida es dura, como diría Bayly. Yo la he visto, mi reina, pagando su brócoli y medio Kilito de lentejitas con su Tarjeta Metro. Entonces, cómo quiere que los regios del Cetrum de la Católica la clasifiquen en el soporte «A».


Si Julio Iglesias, el peor cantante católico que oyó este mortal dice que por amor tropezó de nuevo con la misma piedra, ayer domingo –salvo los arequipeños que son de otra laya—votamos, supimos del flash, vimos a la Magdalena Chu con las cifras al 77 por ciento, oímos a Rafael Rey agradecer a Aldo Mariátegui por encausar los votos de los conservadores para García, soportamos a Bayly hasta la medianoche y nos acostamos. Al segundo día resucitó. Te odio Ollanta.


[1] Hay pocos que tienen mucho y mucho que no tienen nada. Es decir, la clase media ha terminado siendo un sándwich de mortadela. El subrayado es mío.

[2] El hombre es especialista en calatos, según su analista, por haber nacido en una playa de nudista donde su papá vendía sombrillas.

[3] Su libro, Los Estilos de Vida en el Perú: Cómo somos y pensamos los peruanos del siglo XXI, merece una nueva pasada de ojo.

[4] Se llama así y no de otra forma al estilacho de abrir las piernas para trepar.



LEER MÁS: En El más vil de los ofidios, Eloy Jáuregui. Alfaguara

6 comentarios:

Rammens dijo...

Saludos señor Jáuregui!

Que bien que le encuentro en el blogosphero. Extraño sus articulos en Peru.21. Escribe en otro periodico? Hace falta sus comentarios semanales.

El Holandés

Juan Arellano dijo...

Post seleccionado para la sección recomendados de BlogsPerú.

Livity Levitando dijo...
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Livity Levitando dijo...

Placer (de placer) leerlo, pasar el cursor por cada línea de su blog, señor Jauregui (no me diga que el señor esta en el cielo, tomelo como parte de eso que llamamos respeto). Pero quiero ser eco, presumo de muchas voces,a ver si estos días nos regala una de sus crónicas de futbol, ya pues, leí algo en TROME (solo compro por EL BUHO). Vamos que el clima se presta, no solo porque es invierno.

JulhianS dijo...

Entre los arenales de la noche encuentro este periódico viejo que me habla de lo que no fui y lo que deje de ser, ¿por qué? ¿cómo pude dejar de ser algo que no fui? es decir, los pocos cacharros que fui comprando gracias a mi trabajo en el Mac Donalds no significaron mi entrada a la clase A o B o cualquiera que signifique beber tranquilo una chela en Aura.
En fin, si la clase media le debe su sobrevivencia a los trastos sucios de viejos sueños, YO a quién le debo mi DNI marginado, mi inacabable trabajo de medio tiempo.
Tal vez nosotros, los marginados, seamos los verdaderos hacedores de esa clase media que cada día crece o desaparece entre los platos descartables de los comedores populares para agigantar esa clase marginal a la que no queremos pernetecer o ¿Será que no lo queremos admitir y aún nos llamamos híbrida clase?, como si fueramos un colegio recien abierto.

Sam dijo...

Este artículo me hizo reflexionar sobre lo que alguna vez dijo Bryce en una de sus columnas, la estupidez perjudica gravemente la salud y no hay duda de que el arribismo también.